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«¿Que a qué me dedico? A disfrutar cada día del placer que se siente de hacer lo que uno más ama, y a enseñar a los demás a sentir lo mismo»

 

Fue el día que enseñó una de sus fotos más entrañables a uno de sus mejores amigos (una con John Williams tras un concierto en 2008) y él le preguntase con sarcasmo (y también desconocimiento) si se trataba de Papá Noel, cuando Pablo Urbina se propuso la tarea de desmitificar la música clásica y acercarla a todos los públicos. Hoy, 12 años después, Pablo sigue creyendo que de nada nos sirve la excelencia artística si no se consigue un profundo arraigo social y cultural allá donde la música está presente. Por supuesto que ha habido muchas alegrías e hitos profesionales durante todos estos años, (el lector puede saber más sobre todos ellos si pincha en cualquiera de los documentos que tiene en la parte superior de esta página), pero sin experiencias vitales sería muy difícil dar sentido a la música que tratamos de expresar, y por eso estas líneas intentan de alguna manera contar la historia de la persona que hay detrás del director.

Pablo nación en Vitoria-Gasteiz, pero creció en Pamplona, la tierra del violinista Pablo Sarasate y de tantas historias sobre encierros contadas por Ernest Hemingway. Desde muy pequeño a su madre le resultó obvio que a Pablo le encantaba la música (siempre se movía y bailaba con cualquier son desde bebé), así que inicialmente pensó en canalizar esta energía apuntándole a clases de baile. Fue así como Pablo comenzó a los 4 años a interiorizar y expresar la música a través del movimiento, algo que a día de hoy continúa haciendo en su trabajo como director. Siguió a los 8 años en la primera promoción de niños  que inició, con idea de formar “cantera”, el grado elemental en el Conservatorio Superior Pablo Sarasate, donde eligió la trompa como su instrumento principal con un criterio muy sopesado: el instrumento le resultó muy bonito y brillante.

Su pasión por la música no dejó de crecer en los siguientes años; y fue gracias a esta pasión que su vida cambiaría para siempre, cuando a la edad de 17 años, y después de participar en un encuentro musical de verano, se le ofreció una beca para viajar a la otra punta del mundo y tocar con la Joven Orquesta de San Diego mientras terminaba el instituto. Allí, Pablo tuvo su primera experiencia como director, su primera oportunidad de vivir la música desde lo que llama “el mejor lugar de la sala”.  Aún deberían transcurrir unos años más (formación universitaria en la Thornton School of Music de Los Ángeles y vuelta al viejo continente para completar estudios en Real Conservatorio de Londres) para que Pablo finalmente uniese su carrera para siempre con la batuta.

Pablo ha dirigido orquestas que incluyen la Orquesta Estatal de la Ópera Húngara, Orquesta de Cámara de Hong Kong, Orquesta Nacional de Túnez, Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares, Orquesta Sinfónica de Navarra, Orquesta Filarmónica de Málaga, Orquesta Clásica de Madeira (Portugal), Joven Orquesta Nacional de Portugal, Orquesta Sinfónica Provincial de Málaga, Orquesta Sinfónica de Savaria o la Orquesta de Cine del Real Conservatorio de Londres (la cual co-fundó), y ha trabajado con músicos de la talla de Bernard Haitink, Leonard Slatkin, Vladimir Jurowski, Cecilia Bartoli, Juan Diego Flórez, John Williams o Randy Newman.

Pero Pablo también ha dirigido bandas escolares, conjuntos de flauta dulce con alumnos de las zonas más desfavorecidas de Los Ángeles y Londres, orquestas de niños, grupos amateur, grupos de adultos, etc. Ha dado clases de flauta dulce, teoría musical, solfeo, apreciación a la música clásica, y ha colaborado en numerosas iniciativas y proyectos de cohesión social. También ha dado charlas sobre música y meditación, la salud mental y física de los músicos o sobre cómo prevenir lesiones (desde la propia experiencia que sufrió en 2009). Y no le quepa la menor duda a nadie que Pablo ha disfrutado de cada una de estas experiencias con la misma ilusión e intensidad. El director del siglo XXI tiene la responsabilidad de desmitificar el mundo de la música clásica como exclusivo de élites, de enseñar al resto del mundo cómo sentir y experimentar todo aquello que la música nos aporta a todos los que nos dedicamos a ella. Si lo logramos, estaremos ayudando a crear las nuevas generaciones de amantes de la música, músicos profesionales, público e incluso mecenas. Aún más importante, estaremos haciendo germinar la posibilidad para muchas más personas de descubrir algo que las palabras no pueden describir.

La música le ha permitido a Pablo disfrutar de experiencias con las que muchos sólo pueden soñar; ha viajado por todo el mundo y conocido a excelentes seres humanos. Una temática une todos estos años: gratitud. Pablo está profundamente agradecido a todos sus mentores, profesores, amigos y familia (verdaderamente demasiados para mencionarlos aquí a todas y todos), sin lo cuales este viaje no sólo no hubiera sido posible, sino que ni siquiera se podría haber concebido. Mucha gente dedica su energía a demostrar a aquellos que han dudado de ellos que se han equivocado, pero Pablo prefiere dedicar su energía en demostrar a todos quienes le han apoyado que estaban en lo cierto. Y en toda medida de lo posible, hacer lo mismo y ayudar a otras personas.

«¡Qué maravilloso es dedicar una vida entera a que las personas sientan algunas de las emociones más increíbles que el ser humano puede experimentar!»